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Afghanistán y el costo de la Pax Americana

29 agosto, 2021 37 comentarios

Por Lord Jim

Page 5 - Icrc Afghanistan High Resolution Stock Photography and Images -  Alamy

Sin dudas lo que acontece por estos días, y lo que está en boga de todos los cagatintas y mercaderes del análisis geopolítico es Afghanistán. 

Que una guerrilla termine con la ilusión de veinte años de democracia en un país que nunca fue ni será algo parecido a eso resulta que ha socavado las más extrañas emanaciones de esa sustancia que brota de los cerebros imbuidos en progresía liberticida: el infantilismo de la corrección política. 

Come on, give me a break

Que el gobierno títere americano impuesto en Kabul anduviera como el rey desnudo del cuento y que la inmensa mayoría de los drogo dependientes del estupefaciente democrático lo vieran ataviado de ropaje dorado y séquito de drones, humvees, aviones, helicópteros, camionetas Ford equipadas y millones de dólares de respaldo, no mermó la triste realidad que al final acabó imperando: estaba en cueros

Lo más gracioso del engaño fue ver luego a esos barbudos melenudos, que tanto se asemejan a los que bajaron con el cagandante de la sierra, como rambos en uniformes camuflaje, sosteniendo AR-15 y gafas Ray Ban. Cambiaron sus Shalwar Kameez por pantalones de combate y botas, quizá para la foto y el golpe de efecto mediático, pero lo cierto es que funcionó, y las imágenes de los guerrilleros huraños y con pinta mal oliente, convertidos en morenos sexys, encima de las camionetas americanas, se ha regado como pólvora en las redes, enviando un mensaje subliminal a occidente: si al mono le vistes de seda, mono no se queda, y ahí radica el kid de su Warrior Glamour; y ese occidente, que vive de las apariencias, la cancel culture, la corrección política, la nazi bruja de Greta y sus cantaletas ambientales, la Billie Eilish hecha un animado Disney, los pingajos de mujeres pintorreteadas en onda “my body, my choice”, los trans no sé qué (hay tantos,Diossss!), la woke generation, el general payaso que quiere saber qué es el “terror blanco”, el pacifismo, el “me too”, los socialistas del green deal y el presidente esclerótico, tuvieron su verano entrópico en una aventura de realidad maquillada por la rubia de la CNN, cambiando su blusa y jean de un día para otro por la hiyab, mientras decía que los talibanes eran amistosos… para luego salir pitando de Kabul a los tres o cuatro días.

Con Trump eso no hubiese pasado. 

Pero lo que sí iba a pasar, tronara o relampagueara en la irregular geografía afgana, era la salida de los Estados Unidos y el fin de una ocupación que les venía costando un precio que no estaban dispuestos a seguir pagando. Pero lo preocupante de ese precio ha sido no la decisión de la élite del complejo militar industrial al sacar el pie de allí, sino el otro precio que pagará el mundo occidental en credibilidad, confianza y respeto por la incompetencia de la administración demócrata y la anuencia secreta de los jerarcas del Pentágono en una retirada de circo. ¿Realmente no hubo nadie que previera una variante como está? ¿Hay alguien en la Casa Blanca?  Knock Knock ¿Hello?

Y es que la idea de importar una democracia liberal a un paraje medieval, donde lo más avanzado eran las armas de fuego, y en donde la inmensa mayoría de sus habitantes creen en la Sharia fue, cuando menos, una muy mala idea. 

Pero ahí están los chinos y los rusos dándoles en la cara a todos una lección de Realpolitik, con sus embajadas abiertas y sin la menor perturbación en vista a un futuro con el Talibán. 

Ni qué decir que los talibanes no eran los que producían la amapola en las cantidades de escándalo que alcanzó ese cultivo en los pasados veinte años, sino los señores de la guerra, aliados de occidente. Y mientras se despilfarraban millones y millones en mantener un gobierno de cartón y una corrupción galopante, los soldados americanos paseaban y se tiraban fotos en los extensos cultivos, y la “Pax Americana” solo fue una ilusión que duró mientras los millones entraron. Desde el inicio de la ocupación todo fue una mentira. 

Hoy ya veo analistas hablando de las potencialidades del Litio y otros minerales que tiene el suelo afgano, y ya sacan cuentas del provecho chino de una ruta por su territorio que termine en puerto pakistaní como una codiciada arteria de su proyecto del Belt and Road. Resulta que ahora afloran todo tipo de análisis económicos y geopolíticos de la influencia y provecho de los enemigos de América, pero mientras esa América estuvo allí no movió un dedo de su imperial poder para diseñar una paz real y estabilidad en la región, ni mucho menos el entendimiento con una cultura que jamás verá a la democracia como una forma de vida. 

Trump tuvo razón al negociar con el talibán y al querer sacar a América de ese atolladero del establisment bipartidista, pero sus razones y estrategias distan mucho, como su política, de las que hoy esgrimen como justificación al terrible fracaso de una retirada vergonzosa. Probablemente lo que antes fue el verdadero motivo de una ocupación para las administraciones demócratas y neocons, el gasto necesario de una maquinaria financiera con vistas a mantener guerras interminables, sea hoy un lastre en la determinación de un reseteo por las élites corporativas de los Estados Unidos.

América ya no es capaz de mantener “Pax” romana, o americana, y eso sus enemigos lo saben. 

Esa, al final, es la lección del circo afgano. 

La encrucijada: el castrismo en tiempos de sublevación

19 agosto, 2021 168 comentarios
Definición de encrucijada - Qué es, Significado y Concepto

Por Lord Jim

Ese domingo amanecí enredado en mi romance de amor en tiempos de pandemia, desconectado del mundo y desdeñando ese pequeño portal virtual que es el teléfono móvil. En esta nueva normalidad de restricciones de todo tipo necesito desconectar, más que de costumbre, de las bondades de la era digital, por aquello de sentirme en una dimensión cercana a la realidad mientras aprieto una nalga o hundo mi cara en medio de unas tetas durante el retozo matutino.

Terminé el contacto físico que tanto contagia, caí en la cama sudando y, con el buen ánimo que da un café luego de un palo mañanero, prendí un cigarro y conecté los datos móviles. El Whatsapp me estalló en mensajes, audios; enlaces de varios amigos y familiares se agolpaban en la hilera de conocidos. Me costó trabajo asimilar toda la información de golpe pero, como insinúe antes, había tenido sexo y eso me puso en forma rápido. No lo podía creer: estaba pasando.

En toda la isla se desató una sublevación cual si se tratara de un virus, pero más contagioso que el del partido comunista chino y sus variantes. Las imágenes empezaron a correr por la red como un augurio de la tragedia que supone desafiar a una banda mafiosa erigida en casta militar y burócratas partidistas: palizas, intifadas, tiros, heridos, patrulleros volcados, detenciones violentas, gas pimienta, boinas negras desatados, chivatos con palos, desaparecidos, sangre, héroes anónimos…..

Todo de golpe, como un flash de tiempo comprimido en un anhelo.

Fueron tantas emociones en apenas 24 horas que era difícil creer que eso fuera real. La realidad siempre termina golpeándonos en la cara cuando no estamos preparados para ella. Ese domingo nadie estaba preparado, pero estaban listos, y el chispazo del pueblo de San Antonio prendió la llama en toda Cuba en cuestión de horas gracias a las redes sociales.

Y ocurrió, así de simple. Un levantamiento nacional que nace del caldo de cultivo de las sublevaciones: el pueblo oprimido.

Tardó 62 años en consumarse, pero se materializó en las narices de los burócratas del PCC como una nube de polvo que se alza en el desierto, te ciega y ahoga. Una sublevación verdadera, de la que su alcance dentro de los estamentos castristas está por descifrar todavía, no la mentira con que la propaganda bautizó al bandolero hampón de Fidel Castro, alzado en la sierra y apoyado indirectamente por el gobierno norteamericano de aquel entonces, teniendo en cuenta que la administración de Eisenhower le había retirado el apoyo al dictador de turno y tuvo que pagar de su bolsillo y de las arcas del estado la pobre arremetida con que intentó frenar a los rebeldes delincuentes, devenidos en fuerza insurreccional sufrida por una dictadura no tan dura: lo de Batista nunca fue dictadura sino dictablanda.

Sabido es de todos que Fidel fue un guajiro sucio aburguesado, mantenido por su padre y con ínfulas de líder. En realidad me cuesta escribir sobre ese enano mental y asesino, que desde muy joven tuvo las manos manchadas de sangre siendo estudiante universitario y metido en cuanta intriga republicana de espías, informantes y bandas mafiosas hubo por aquellos años. La experiencia vital es el mejor libro para entender a estos personajes que la historia encumbra, pues no han sido más que seres dotados de una voluntad, inteligencia y talento para la maldad, pero con una constancia en su ejercicio; de lo contrario no hubiesen llegado a nada, a pesar de su buena estrella para las hijoeputadas. 

Artículos y apropiaciones del suceso han ido apareciendo en días posteriores a la sublevación, pretendiendo, en muchos casos, dar un sesgo de orientación hacía la perspectiva globalista que clama por esa Cuba y su entrada de lleno en el socialismo financiero especulativo, en donde hoy por hoy chupan teta toda una capa visible y bien pagada de maquilladores del régimen: antiguos funcionarios e intelectuales, prensa y figurines de gremios LGTB, artistas y activistas de movimientos fabricados desde una agenda marcada por un lavado de cara a la dictadura, aprovechando el adoctrinamiento estructural de muchos y admitida, subrepticiamente, por una sección del departamento ideológico del PCC con fines expresos de dibujarle un rostro humano a la tiranía. 

Es tan difícil desenmarañar la tupida madeja de “ismos” y máscaras cubriendo a todos los camaleones que, de una forma u otra, han aprovechado el factum de esa izquierda mundial mantenida por el globalismo; y habría que hacer todo un tratado de vividores marxistoides para ilustrar al detalle a los que, desde hace muchos años, vienen preparando a Cuba para el “cambio fraude” denunciado por Payá en el 2012. Por supuesto que esta ocasión no la podían desaprovechar. 

La reacción del exilio cubano no se hizo esperar. Se unió en una voz al unísono junto a sus oprimidos compatriotas del gulag. Se hicieron sentir en los Estados Unidos, principalmente, y en otras latitudes del planeta, pidiendo intervención humanitaria delante de las narices del senil presidente y su estado profundo de establisment, big techs y élites financieras. Pero ,oh, casualidad, esos son los mismos que mantienen a toda la prensa corporativa y disidentes fabricados desde la progresía demócrata operando dentro de la isla, siendo tolerados, como quien no quiere, por los parásitos del PCC. Me gusta insistir en este detalle. 

Pasó entonces lo que era previsible. De los sucesos que costaron sangre y cárcel a cientos de cubanos pobres, en los que de verdad latió el hastío y la emoción de ver a sus hermanos en las calles pidiendo libertad, tirándose ellos también en un solo grito, que no era de comida ni medicamentos, montaron todo un circo en los States, traicionando a esos héroes anónimos, llevando a un grupo de don nadies populares por sus canciones y rating en redes sociales a la Casa Blanca, en representación del pueblo de Cuba. Un show orquestado de humo y espejos en una estrategia que es bien conocida por todos los que saben cómo se mueve el dinero y la propaganda a costa del dolor del pueblo de Cuba. El imaginario vulgar y mediocre de una plebe sedienta de sensacionalismo siempre ha sido el opio de una gran masa de cubanos, si bien el fenómeno no es endémico de la isla.

La dictadura, por su parte, (experta en el manejo de estos grupos chupadores de grants y dineros de las élites que mueven los hilos de la actual administración americana de turno), si bien respondió como se esperaba, lanzando a la calle a   esbirros y fuerza policial especializada en reprimir, no ha perdido tiempo haciendo el juego que mejor saben: ceder en pequeñas cuotas de control económico ante crisis, mientras reactivan la maquinaria propagandística en la voz de sus agentes y cabilderos, centrados más que nunca en la ansiada bocanada de aire monetario del ala radical demócrata: dólares, muchos dólares es lo que necesitan para mantener ese monstruo represivo que es el ministerio del interior, pese a tener prohibidos depósitos en físico dentro de su finca a los esclavos. 

Qué nadie se engañe en todo este teatro de pandemia, porque lo único que el régimen no previó fue la explosión social en la magnitud que sucedió. Y si venían ocultando cifras de fallecidos y contagios, la repentina alza en los partes junto a una sospechosa visibilidad por reporteros y medios estatales sobre situaciones de caos y colapso de hospitales días antes del estallido social en la provincia de Matanzas, no respondía a otra cosa que a una estrategia del castrismo para amplificar, con fines de focalizar una situación de auxilio, enviando un mensaje claro a la comunidad internacional, pero más propiamente a esos grupos y lobbies de presión en los estados unidos: la crisis comenzaba a ser utilizada para presionar el levantamiento del embargo. La crisis, de hecho, fue agravada en lo económico desde el inicio del virus con el único fin de chantajear a los familiares de miles de cubanos en la diáspora. 

El castrismo es diagnosticado, por aquellos que lo conocen, como un cáncer que no puede subsistir sin hacer metástasis donde prende. Es su naturaleza. Por eso me cuesta figurar, en un breve periodo, esa metamorfosis camaleónica basada en una corporativización a la manera vietnamita. Qué terminará sucediendo es cuestión de tiempo, sin dudas, con algunas de sus variantes tropicales, pero no mientras dentro de su casta de generales y familiares directos de los Castro existan individuos que comprendan que, a 90 millas, los corporativistas socialistas de ese gran poder financiero llamado Estados Unidos terminará sometiéndolos a unas reglas que ellos no están dispuestos a cumplir; ni mucho menos abandonar una independencia de clase dominante con capacidad de control ilimitado sobre una población que no ven ni verán nunca como otra cosa que una masa de esclavos para su sustento en poder castrense, dueño de un aparato burocrático de corte estalinista.

Y ya escucho y leo por ahí que “están acabados”, pero es que el castrismo es un sistema acabado económicamente antes de empezar. Siempre estuvieron acabados. Nunca pretendieron consumarse en una economía aparentemente próspera porque de haberlo querido lo hubiesen conseguido de alguna manera en 62 años, ya fuese parcialmente con políticas económicas social demócratas o con la seguridad de una agenda librecambista a la manera de Pinochet y la escuela de los Chicago Boys de Milton Friedman, muy smithsoniana, muy británica.

El marxismo siempre fue una excusa, el estalinismo una herramienta, el anti imperialismo una narrativa esotérica para apalancar el terror

La encrucijada en la que se encuentra el castrismo hoy no es si va a cambiar porque nunca lo hará. No está en su naturaleza. Su encrucijada es subsistir en simbiosis con él Deep State americano o desaparecer como el sistema fallido que siempre fue. Y el día que pretenda un cambio será para que todo siga igual mientras se quite el colorete de vieja empolvada cada vez que necesite reprimir, torturar o matar por mantener en el poder a ese clan familiar extendido en una banda militar mafiosa con 600 o 700 mil súbditos que componen su clase burócrata y parasitaria. Sus aliados no son ni la China dictatorial y próspera, con su sistema económico industrial copiado de los padres fundadores de América, ni la Rusia imperial zarista de pragmáticos oligarcas rojos devenidos en ortodoxos cristianos de un estado autoritario, pero capitalista. A los dos hay que pagarles, y el castrismo no paga, no puede, no tiene ni tendrá con qué. El verdadero aliado secreto del castrismo fue, desde siempre, el poder de Wall Street y sus élites, las mismas que tienen al obrero de clase baja americano ganando 25000 al año, inflación in crescendo, ciudades hecha mierda por la fragmentación de gremios de minoría, niveles altos de adicción a drogas, violencia desatada de grupos marxistas y una teoría crítica de la raza que es más racista que todas las bazofias racistas que he leído. 

 ¿Y quién lo diría? Una isla contemplada por los padres fundadores a ser parte de la unión americana por necesidad geopolítica, y luego reafirmada en en la preclara “Doctrina Monroe” (no la que vendió el castrismo) por los patriotas seguidores de Alexander Hamilton y John Quincy Adams, de ser la fruta madura de Jefferson, se pudrió en una mal llamada revolución socialista como epítome de la maldad que hoy corre por las venas de la sociedad americana detrás de un fascismo corporativo posindustrial y maltusiano. Ningún político americano lo ve. Ningún político de calibre es capaz de ver al régimen castrista como el verdadero eje del mal comprimido en una pequeña factoría de bribones que dirigen toda una campaña pro británica de fragmentación ideológica en Hispanoamérica, y un nido de ratas que tienen mucho en común con las que hoy diluyen a la Unión en políticas de Green Deal y apagones energéticos.

Mientras los Estados Unidos no se sacudan el mal incubado de un imperio financiero liberal en decadencia y un marxismo cultural que hace metástasis en su sociedad, me temo que el régimen de la Habana vivirá, como siempre, de parásito y a la sombra de su cercanía geográfica, utilizando las herramientas que le sean necesarias para consumar el acto de un teatro calculado para incautos y una puesta en escena llevada a cabo por oportunistas de un bando y otro

La realidad nunca fue compatible con utopías, pero eso es una experiencia que solo se aprende con dolor.