Republica y Democracia, Dictadura de la Ley, Liborio y Los Drones

1 octubre, 2020

por Lord Jim

Muchas veces he oído hablar del concepto “Democracia” para Cuba como si se tratase de una cura milagrosa, una poción mágica a modo de elixir maravilloso que resolvería todos los problemas de la sociedad cubana. Todo eso fuera cierto de no ser por un pequeño detalle: Cuba no está lista para una Democracia, aún.

Desde que las primeras ciudades estado griegas llegaron al sistema de gobierno “Democrático”, el cual recuerdo, (en libros de historia marxista), llamaban “Democracias Esclavistas”, fueron incontables los sucesos convulsos que, dentro de sus vidas políticas, alternaban tiranos y oligarquías; de hecho el título de tirano no implicaba juicio alguno sobre las cualidades del carácter del mismo como persona, si bien luego el uso desmedido de la fuerza militar por estos terminaron dándole la connotación que tiene actualmente. Solo eran hombres que se erigían como líderes y tomaban el poder de manera ilegal.

Notables tiranos como Policrates de Samos o Periandres de Corinto fueron populares y desarrollaron el comercio y los manejos de la ciudad con cierta justicia, dejando testimonio seguro de su aceptación por la gestión de su poder. El fenómeno del tirano (τύραννος) no implicaba la automática degradación de la autoridad legal, siempre y cuando imperara la Ley como condición esencial del mantenimiento del orden, a pesar d ir contra ella para detentar el poder. El derecho en la antigua Grecia no era un sistema jurídico universal ya que cada polis se regía por leyes autosuficientes (αὐτάρκεια)

Esta Autarquía era un principio que derivó en “Ley Positiva”, ya que permitió, en menor medida, la importación de ciertos principios legales bajo influjos culturales de algunas polis. Carondas, por ejemplo, fue un pitagórico que, para elaborar las leyes de las colonias calcídicas, se inspiró en otro legislador pitagórico, Zaleuco de Locris, de quien se dice redactó el primer código legal escrito en la civilización griega.

En Los antiguos Helenos está el origen del patrón conductual de cada ascensión, auge y declive de los sistemas democráticos de Occidente.

Con pocos años de diferencia, aunque de distinta sensibilidad y percepción debido al idioma, un pueblo de campesinos toscos y belicosos terminaba con la última monarquía por el 509 AC y se adentraba en un periodo oscuro del que se tiene una información escasa cronológicamente, pero concluyente en el modo de gobierno que terminó siendo un referente de todas las soberanías nacionales en cuanto a organización del Estado: La República Romana.

De ese año en específico data la inscripción en el templo capitolino de Júpiter. Otro referente importante para datar el inicio de esa época de cambio era el ritual del Clavus Annalis, y consistía en clavar un clavo en el muro de la Cella de Minerva a cada aniversario de la dedicatoria. El primer clavo fue clavado en el 508, un año después de la dedicatoria del templo. Si bien esta fecha es corroborada por historiadores, el proceso de transición, luego de la conspiración contra el último monarca Romano (Tarquinio el Soberbio) a la Repubica, parece que tomó unos 70 años ya que los primeros conjuradores no tenían una fórmula definida que sustituyera la monarquía.

Sin pretender adentrarme en los pormenores de este periodo histórico solo quiero acotar que años más tarde, y después de ser constituido el poder Romano como República, su inevitable influjo y dominio a través de guerras intestinas y conquistas, el primer dictador que inició el paso del poder acumulado en manos de un hombre fue Sila (82 a 79 AC) Este Romano concentró todo el dominio político en manos del Senado, algo que no sucedió con el poder ejecutivo, dando lugar a que el Senado tuviera que confiar el ejecutivo en un hombre fuerte, a un militar que, además, fuese político. Las dictaduras de César o Augusto son el ejemplo clásico del esa influencia que inició el periodo Imperial.

De aquellos lejanos orígenes ha llegado hasta nuestros días el concepto de Democracia y República envueltos en un sin fin de relatos, anécdotas, fantasías, frustraciones y anelos; de cada hombre que a lo largo del periodo histórico que comprende unos 2500 años, y según su latitud geografica y cultura específica, ha tenido oportunidad de conocer, en mayor o menor medida, el método más eficaz de gobierno posible, a pesar que no siempre fueran un éxito los ensayos cívicos que han devenido en democracias fallidas y Repúblicas truncadas en horrendas tiranías. Cuba no es un caso aislado.

Pero a estas alturas del partido, expresando los más coloquiales intentos de aproximación histórica a los remanentes de un imperio civilizador como el Español, nuestra isla ha quedado varada en una dictadura poco menos que monstruosa, dada su naturaleza autóctona, casi endémica, de una casta militar narco traficante y asesina, tropical y guarachera, espartana en la composición de sus estructuras castrenses, inhumana por el uso del principio estalinista de control totalitario y despojo de dignidad por hambre. La tiranía castrista es un engendro, un frankenstein de sudor y ron, y debe su duración a una realidad que,con el decursar de las décadas, se ha convertido en una manifestación conveniente a muchos intereses que se han ido creando de lo que quedó del pacto entre las dos potencias que pugnaron un dominio estratégico luego de la crisis de los misiles del 62. Una desapareció por implosión. La otra permanece pero ya no es la misma de los sesenta.

Los estamentos de la sociedad cubana actual tendrían que ser planteados y reconstruidos desde cero. Cuba necesita, según mi humilde juicio, una “dictadura de la ley”, que no un dictador o un grupo que representen una clase social a modo oligárquico. Una ley rectora que represente un cuerpo constituyente legal en el periodo que la nación deba afrontar una reconstrucción jurídica. En otras palabras: un gobierno fuerte de transición que lance con autoridad y disciplina social un proceso de reconstrucción de la nación política a través de una reconstrucción del Estado que deberá, a su vez, ser concebido como una República verdadera. Cuba es un país que funciona o mal funciona desde el colapso económico hace 61 años. No hay ni siquiera una clase política sino una casta militar burguesa con satélites civiles en un aparato represor constituido en partido político. Pero en realidad ese partido no es una organización rectora de nada como no lo sea desde los militares que lo controlan.

Hablar de Democracia y elecciones libres en una sociedad que ha sido corrompida y adoctrinada en la esclavitud y para la esclavitud, que la única función que realiza en cuanto ente jurídico es servir a esa casta militar en un circo que llaman asamblea del poder popular es, cuando menos, un sinsentido.

Pretender que un gobierno de transición pueda resolver en un corto periodo de tiempo las expectativas de democratización institucional es una utopía infantil, un cuento de hadas. Quién conoce a profundidad los graves problemas sociológicos en la isla y el monstruo en potencia que esconde un cuerpo social corrompido en la doble moral, el terror, la delación, la mentira y sobre todo la ignorancia y la apatía, sabe que el problema humano es de primer orden a resolver. Solo un gobierno con autoridad y centrado en la limpieza sistemática de la lacra institucional y la reconstrucción desde cero de todo el aparato político, policial,militar,educacional y económico, sería capaz de devolver en un relativo periodo de tiempo las estructuras constitutivas del país a buen cauce para que la democracia impere desde y para el pueblo.

La libertad política colectiva es esencial para no caer en una partidocracia o sistema proporcional. Pero para eso se necesitan “individuos” dueños de sí mismos, al menos en un número suficiente como para generar un sentimiento nacional de pertenencia y un comercio potente e irrestricto, con leyes severas antimonopolio y aranceles oportunos que protejan sectores de la producción nacional en los renglones que lo necesiten.

Cuba es el sueño roto de millones que se fueron, de millones que se han quedado esperando un cambio, implorando, desde la miseria, una liberación a su servidumbre pasiva. Incluso la plebe ruin y oportunista, hija de la farsa de revolución del “miserable en jefe”, la desea. Siempre me ha provocado risa burlesca los que incitan a la rebelión argumentando la estúpida falacia del poder del pueblo en un idílico romance de película de bajo presupuesto. Todo el que conoció el terror estalinista en cualquiera de sus fases o manifestaciones no tuvo más opción que huir o inmolarse resistiendo: El terror castrista es hijo de ese engendro comunista.

¿Oposición? Sí, pero con drones, drones y más drones.
No hay otra manera de acabar con ese horror. Ojalá la administración Trump comprenda lo delicado del panorama regional en su área de influencia de no acabar de raíz con el castrismo, de lo contrario lo que es ya de por sí una larga enfermedad política en forma de élite militar bandolera y narco terrorista,  seguirá socavando el delicado entramado de intereses pro Globalistas norteamericanos mediante lobbies y embajadas culturales de izquierda reaccionaria, generando pobreza y míseria en un continente que no parará de producir emigrados que huyan hacia los Estados Unidos buscando el sueño americano que no pudieron tener en su tierra.

  1. 16 octubre, 2020 a las 5:54 PM

    hay post nuevo y mar de espuma

  2. Luis Miguel Reynalt
    16 octubre, 2020 a las 4:40 PM

    Gusanote, yo tampoco deseo la muerte a nadie, aunque sea un individuo tan abyecto criminal ladron asesino como “la faraona” castro II. Pero si se fuera pa’l carajo YA de una vez, tal desenlace correspondería a suceso saludable, beneficioso, provechoso para Cuba.

  3. Luis Miguel Reynalt
    16 octubre, 2020 a las 4:30 PM

    Lo más comico, jocoso, hilarante del orate de Biran, era que al reves de Caudillos como Anibal o Julio Cesar que iban a la vanguardia de sus legiones. El charlatan loco era el último de la fila de guerrilla, con su rifle de mira telescópica ja!ja!ja!ja!. Que gran actor perdió Hollywood ja!ja!ja!ja!

  4. Gusanote
    16 octubre, 2020 a las 4:23 PM

    Bueno a lo que voy y queria decir
    el cancer avanza indetenible. pero los milagros existen y puede que un milagro lo salve.

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