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Los Ultranada. Una vergonzosa pandemia cubana.

13 abril, 2013 1.045 comentarios

Por Rodolfo Monteblanco

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Una pandemia nadificante amenaza a la nación cubana.
Se evidencia a través de un conjunto de síntomas inequívocos. Los afectados por la “ultranadosis” son aquellos que… nada de nada. Ni chicha ni limoná.
Un patólogo amigo mío los diagnostica bajo su recién patentado “Síndrome Cuchara”. Ni pinchan ni cortan.
Pero manifiestan su derecho a ser unos nadie. Eso sí que les gusta. Se autoconfirman y autoreafirman.
Llaman a unos “tontos ultraderechistas” y a otros “tontos ultraizquierdistas”.
Y los odian a todos. Los odian porque bajo ese manto de calificar a otros como “ultras” intentan prcisamente descalificar a toda idea que atente contra su nadería, contra su gelatinosa posición política de habitantes del limbo.
Se bambolean y se aglutinan para atacar a todo el que atente contra su nulidad. Son los campeones de lo prescindible, de lo innecesario. Logran medalla de oro en cualquier competencia de pendejos y perdedores. Si le rasgamos esa capa rugosa de inopia que los rodea les afloran los odios y envidias a unos y a otros porque al final los ultranada cubanos saben que a esos que intentan descalificar, unos tienen el dinero, la influencia en el mundo real,  otros una fuerte y tozuda mania de denunciar y no aceptar componendas… y los otros tienen el poder en el islote. Y ellos tan jodidos como siempre, flotando en el vacío.
Pero es un error no comprender que son el perfecto y maleable instrumento del poder biranense. Vociferan a favor del “laissez faire” y chillan que todo está bien como esté o que va por buen camino. El camino que por supuesto otros hacen y ellos transitan mientras su absoluta falta de esencia se hace coro del silencio, que sería su perfecto estado. Ni sólido ni líquido, bien gaseoso. Musical.
Si eres amigo de un ultranada no te hacen falta enemigos.
Son una especie de saco lleno de grillos, que si lo tocas por aquí, salta por allá.
Y ahora hasta tienen blogs donde exponen su total falta de ideas, su indefinición crónica, su hermafroditismo politico y su onanismo conceptual, mientras chismean y chusmean y se dan entre ellos largas tandas de escofina en el ombligo.
Para el ultranada es perfectamente natural limpiarse el culo con un serrucho.
No sienten nada, pero los enardece solo una cosa. Hablar mal de los demás. Criticar cualquier cosa que haga otro, sobre todo si le sale bien. Creen que el estado natural del hombre es la inacción y su oficio el cotorreo. Su lema es “Abajo el que suba”.
Su perfecto esquema proyectado en el caso cubano por ejemplo, es guillarse con que mas hambre hay en Burkina Fasso, mas putas en Tailandia, mas represión en Mianmar, mas emigrantes de México o mas corrupción en Haití. Por lo tanto es muy injusto hablar de Cuba. Porque para esos cerebros canijos si hablas mal del régimen, hablas mal de Cuba, la de las bellas playas, el hermoso cielo y los 11 millones de buena gente que felices habitan allí.
Se creen unos nihilistas enfrentados al gran capital, unos anarquistas rebeldísimos que no tienen paz con nadie y la tienen con todo el mundo porque carecen de lo necesario para guerra alguna.
Son en resumen, unos comemierdas vestidos de peloteros. Outs por regla. Palomones al cuadro. Unos trajinados por concepto que vayan donde vayan seguirán siendo unos brujas y perdedores aunque se las den de chéveres y guapetones reconciliados.
Y los viejos camajanes de Labana lo saben muy bien.
Por eso la exportación de ultranadas desde la isla y el contagio en el extranjero entre nosotros estan al tolete. La onda geriátrico-biránica siempre ha sido ganar tiempo, marear la jugada y poner a todo el que puedan a nadear pa’rriba y pa’bajo mientras siguen montados en el caballo. Y en los ultranada tambien, que a ellos le gusta estar acaballados y relinchando.

El largo camino de la libertad; para que Atabeyes y Siboneyes no se hagan ilusiones.

5 abril, 2013 297 comentarios
Por Calabacita Exiliada
Carga_pesada
El 12 de abril de 1861 con el ataque confederado a la guarnición federal de Fort Sumter en el puerto de Charleston, Carolina del Sur, se inicia en los Estados Unidos la Guerra de Secesión.
Inicialmente ambas partes contaban con obtener rápidas victorias que pusieran fin a la guerra en pocos meses, el norte contando con su superioridad numérica y tecnológica; el sur con la extensión enorme de su territorio, el hecho de luchar en su propia tierra y una tradición militar más sólida. Las expectativas de ambos bandos se vieron rápidamente frustradas tras sangrientas batallas en la que no había un claro ganador, se llega así a la batalla de Atietam el 17 de septiembre de 1862. Aunque esta no tiene una clara importancia militar si lo tiene en el orden político, el resultado de la misma desanimó a ingleses y franceses a reconocer diplomáticamente la confederación privándolos de lo que esto representaba de apoyo no solo político sino también en recursos, por otro lado Lincoln se decidió, aprovechando los poderes extraordinarios que le daba la guerra, a emitir la primera Proclama de Emancipación que declaraba libres, desde el 1 de enero de 1863, a los esclavos de los estados rebeldes, no así a los de los estados esclavistas llamados fronterizos (Delaware, Maryland, Kentucky y Missouri) que aunque simpatizaban con el sur seguían siendo leales a la Unión. Justo al entrar en vigor la proclama esta fue ampliada permitiendo la incorporación al ejército de la Unión de afro-estadounidenses, lo que era una de las demandas del ala abolicionista en el congreso.
En este estado de cosas se llega al año 1865 con una confederación derrotada pero lejos aún de la capitulación y es en este contexto que se sitúa la película de Spilberg, “Lincoln”. Lo que motiva estas letras es el dilema moral en el que se ve inmersa el ala abolicionista más radical del congreso cuyo líder Thaddeus Stevens, encarnado en la película por Tommie Lee Jones. Este grupo llevaba años apostando por la igualdad plena entre blancos y negros, para ellos no había términos medios, tenían un compromiso con la verdad que no parecía negociable. Lincoln una vez más ve la ocasión propicia para por un lado impulsar una buena causa y por otra asestar un golpe definitivo al sur esclavista que lo privaba de recursos para una rápida reconstrucción una vez terminada la guerra. No hay que olvidar que el esclavo no solo era una propiedad sino que para el sur esclavista que basaba su riqueza en el trabajo en plantaciones, el esclavo ya sea negro, chino o mexicano era sencillamente “la propiedad”, de tal manera que con la aprobación de esta enmienda Lincoln realizó la expropiación más grande de la historia de los Estados Unidos, no por casualidad hasta Marx, a nombre de una Internacional Socialista recién fundada, le escribió una carta elogiándolo. De manera que Lincoln juega todas sus cartas para lograr la abolición definitiva de la esclavitud pero esta vez aprobada por el congreso, reformando para ello la constitución y así evitar que terminada la guerra se intentase dar vuelta atrás a lo que fue una medida extraordinaria tomada en tiempos de guerra. Para ello le pide a Stevens que modere su discurso y que pida no la igualdad plena sino sólo frente a la ley. Este cambio en el discurso, que supuso una renuncia y una violencia a los ideales más puros del abolicionismo, más alguna que otra presión especialmente entre los demócratas logra reunir el número de votos necesario para la aprobación de la decimotercera enmienda. Y aquí termina la película.
Y los negros recién liberados, esa masa sin derechos, a merced de sus circunstancias, qué pasó con los negros?. En su mayoría analfabetos, acostumbrados a obedecer, en muchos casos sin muchas angustias cuando se trataba de amos que no abusaban del castigo corporal y le proporcionaban techo y comida más o menos dignos para su condición, muchos sin saber siquiera lo que era ser libres, otros que ya habían probado un mordisco de dignidad a través del servicio activo en los ejércitos de la Unión pero atrapados en un círculo de pobreza, obligados muchas veces a trabajar como arrendatarios en la propiedades de sus antiguos amos.
Tras la muerte de Lincoln y con otra enmienda a la constitución, la 14, se aprobó el reconocimiento de ciudadanía para los negros, en teoría eso implicaba tener los mismos derechos que los blancos, se crearon además las casas de Liberados que pretendían alfabetizar a los negros y darles los recursos mínimos para que pudiesen vivir en libertad pero no sería tan fácil; las legislaturas estatales del sur aprobaron “códigos” para regular a los afro-estadounidenses liberados. Los códigos diferían de un estado a otro, pero tenían disposiciones en común: a los afro-estadounidenses se les exigía que firmaran contratos anuales de trabajo y se preveían sanciones en caso de incumplimiento; sus hijos dependientes quedaban sometidos al aprendizaje obligatorio y a castigos corporales que sus amos aplicaban; y los vagabundos podían ser vendidos al servicio privado si no tenían recursos para pagar fuertes multas. En fin, aunque se había ganado mucho, en la práctica, se mantuvo la segregación, el sur esclavista no se transformaría por decreto, especialmente por la ausencia de un poder real en manos de los protagonistas de esta historia los que hasta ayer habían sido esclavos, los pocos recursos intelectuales y económicos seguían en manos de los esclavistas de ayer.
Tras la victoria de los republicanos en 1866 el ala más radical del abolicionismo llega al poder y disuelve los gobiernos del sur estableciendo un control militar, no restableciendo la legalidad hasta que no fue ratificada la 14 enmienda y tras la aprobación de la 15 que establecía: “ni Estados Unidos ni ningún estado de la Unión podrá negar o coartar el derecho de los ciudadanos estadounidenses al sufragio por razón de raza, color o condición previa de servidumbre”. Así y respaldados por la fuerza de las armas para 1868 los republicanos gobernaban en la casi totalidad de los estados del sur, incluso en Louisiana y Carolina del Sur la legislatura llegó a estar formada por una mayoría de afro-estadounidenses, que por desgracia no tardó en demostrase ineficiente y copada por la corrupción en muchos casos, lo que fue muy bien aprovechado por la oposición. Además tuvo como contrapartida el surgimiento de organizaciones ilegales como el Ku Klux Klan y un incremento de acciones violentas contra los negros. El desorden era creciente y pronto se hizo evidente que no se podía mantener una democracia racial por las armas, poco a poco, y tras la aprobación de una amnistía general en 1872 para todos los rebeldes, los Demócratas fueron ganando espacio en el sur, para 1877 gobernaban en casi todos ellos permitiendo la aprobación de nuevas leyes de carácter discriminatorio, no sin el silencio del gobierno federal que se hacia el de la vista gorda, de esta forma vieron la luz leyes como la “Jim Crow” por las cuales se impuso la segregación en las escuelas públicas, se prohibió o limitó el acceso de los afro-estadounidenses a muchos lugares públicos, como parques, restaurantes y hoteles, y se negó a la mayoría de ellos el derecho de votar, mediante impuestos al sufragio y exámenes arbitrarios de lectura y escritura. Esta situación se mantuvo hasta casi 100 años después de la aprobación de la decimotercera enmienda, fue entoces que, tras el depertar de la conciencia nacional expresado a través del movimiento por las libertades civiles, que se logró terminar con la segregación tal y como se había conocido hasta entonces, algo que no pudo ver Thaddeus Stevens.
El camino a la libertad es también el camino de lo posible, no importa cuan justa sea tu causa, cuan grande tu verdad, si no tienes el poder real de cambiar las cosas estaras a merced de las circunstancias y de quienes escriben por ti la historia, llamense gobiernos, partidos, grupos de poder económico, etc. Hay momentos en que la causa de los que tienen el poder real de cambiar el mundo coincide con el más justo de los proyectos y es en ese momento en que el hasta ayer ignorado parece convertirse en protagonista, aunque lo cierto es que hay otros que mueven los hilos y tienen el control real de los acontecimientos, este escenario siempre es tentador, lograras cosas pero solo en la medida que lo permitan quienes controlan la escena, a menos que logres por ti mismo convertirte en un factor de poder, lo suficiente fuerte como para ser tenido más en cuenta en la ecuación. La independencia absoluta es una utopía, no asumirlo de esta manera es un suicidio político, más bien se trata de entender la interdependencia entre las partes que controlan el poder e intentar añadir más peso para inclinar hacia tu lado la balanza. Cuando se trata de grandes grupos humanos, convertirlos en un factor de poder podría parecer tarea fácil si se mira la facilidad con la que han sido manipuladas grandes masas a lo largo de la historia y en casi todos los continentes, pero justamente cuando este ha sido el caso y se trata de un grupo humano que ha crecido sin derechos, no cree en su potencial para el cambio, o tiene una visión de si mismo sobrevalorada que ignora su verdadera condición de minusvalia frente al poder reinante, se trata entonces de cambiar la condición de una masa de creyentes, con poca fe en ocasiones pero a fin de cuentas creyentes que parten de de una falsa premisa que nada tiene que ver con la realidad. En este caso la batalla decisiva se libra en el alma y la conciencia de ese protagonista anónimo que da forma a la masa de esclavos, hay que romper el hechizo que produce tal paralisis mental, pero para llegar allí suelen pasar muchos años, son otros sus tiempos, unos que con frecuencia superan una vida humana, a veces demasiados años para poder reunir una masa crítica de creyentes convertidos a una nueva fe, de forma que podamos inclinar la balanza en la dirección de la justicia y la libertad plena, no entendida esta como ideal romántico sino una que no este divorciada de sus circunstancias. Los que tienen la visión primigenia de la verdad más pura deberán librar muchas batallas y cargar con la enorme frustración de tener que posponer sus objetivos una y otra vez frente a una realidad terca y definitiva, lo que no significa renunciar a ellos y menos aún dejar de pelear por ellos, sin estos hombres todo estaría perdido pues son los encargados de poner la cota más alta, de permitir a la gran mayoria contrastar sus logros de hoy con la aspiración más legitima, estos son los custodios del ideal más puro, los encargados de no permitir olvidar, pero también deben estar preparados para, como Moises, guiar a su pueblo a través del desierto… pero no entrar en la tierra prometida.